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Recuperando la E-M5 (1)

 La E-M5 es como ese viejo amigo que no importa los meses o años que hayan pasado, cuando te lo vuelves a encontrar parece que lo hubieras visto ayer. Con la E-M5 es igual. Con ella te sientes en casa. Sobre todo si le pones su grip. Entonces la ergonomía es fantástica. Se adapta a la mano como un guante. Además, el EVF podrá tener poca resolución pero a mi me parece el más orgánico que he tenido. No me siento incómodo mirando con él. Será que es el primero que tuve y al que me he acostumbrado.

Con todo esto, quiero recordar los buenos momentos que me ha dado esta cámara. Una cámara que yo mismo infravaloraba y que casi consideraba de juguete cuando la comparaba con mi Nikon D700. Sin embargo, ahora ésta me parece un dinosaurio, muy bonito y poderoso, pero un dinosaurio. A su lado la E-M5 parece esbelta y grácil. Casi un silbido y, sobre todo, muy fácil de llevar.

Pero vayamos al grano. Vamos a repasar alguna foto que me gustó hacer con esta cámara. Esta primera es un paisaje pirenaico, del Valle de Pineta. Está tomada con un objetivo Lumix G 14 mm f 2.5. Un pequeño gran compañero para una pequeña gran cámara.



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