Algunas tardes son más propicias que otras y las tardes de noviembre suelen ofrecer un espectáculo de luz. Como decía Michael Freeman, parece mentira que el ser humano se sienta tan fascinado por un evento tan trivial como es la puesta de sol, cuando es algo que sucede todos los días. Sin embargo ahí estamos, decenas de personas contemplando (incluido yo) el atardecer en la ribera del río. Y eso que conviene no esperar tanto para fotografiar, pues el rojo intenso ya empezaba a desaparecer. Unos minutos antes y la foto habría sido muy distinta. La próxima vez habrá que estar más atento.
Otro blog de fotografía... y alguna cosa más
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